La vuelta a Inglaterra en 7 días (II). Segunda etapa: York

Sheffield - York

Bienvenidos a una nueva entrada de Yentelman, el blog en el que aprenderéis inglés y, si os descuidáis, hasta español. Continuamos relatando las aventuras y desventuras que nos acontecieron al señor Óskar y a mí en nuestro periplo por Inglaterra allá por el año 2000. Tras la juerga de la noche anterior, demostrando que por entonces aún éramos jóvenes y que, al fin y al cabo, lo de que una disco cierre a las dos tiene sus ventajas, nos pusimos en marcha temprano para dirigirnos a nuestro primer destino fuera del campamento base de Sheffield: York.

Por aquel entonces las conexiones a Internet aún no eran gran cosa. No olvidéis que estamos hablando de las fechas en que Metallica interpuso una demanda judicial contra Napster, por ejemplo. Tripadvisor se había fundado en febrero de ese año, y no tenía mucho que ver con lo que es ahora. El caso es que, a la hora de elegir destinos, nos guiamos por las guías de toda la vida y los consejos de nuestro amigo Carlos, a la postre el experto en cultura inglesa de la época por llevar años viviendo allí. ¿Acertamos en nuestras elecciones? Sin duda.

Así como Sheffield era una ciudad conveniente pero, en mi opinión, más fea que un frigorífico por detrás, York era, y es, una maravilla. Ciudad medieval amurallada situada entre dos ríos en el condado de Yorkshire y fundada por los romanos en el año 71 después de Cristo, York tiene espectaculares monumentos y atracciones turísticas. La más notable de ellas es, probablemente, su majestuosa catedral, llamada Cathedral and Metropolitical Church of Saint Peter in York, York Minster para los amigos:

York Minster Façade

Las murallas romanas se entremezclan con las medievales, dándole a York un aspecto digno de la Tierra Media. Pasear justo al lado de las murallas de la ciudad es una experiencia memorable:

York Walls and Minster

¿Y qué decir de sus calles? Calles como The Shambles, una de las principales atracciones de York. Esta calle medieval era en la época un mercado de carne (de los de verdad, no como dijimos que llaman a las discotecas) al aire libre, y conserva numerosos edificios de la época, con sus vigas de madera que me recordaban a las casas de Melée Island en el videojuego Monkey Island:

The Shambles York

Credit: VisitBritain/Andrew Pickett

Entre chistes (malos) con el nombre de la ciudad y el jamón, llegamos a una glorieta con una parte central cuando menos sorprendente. En efecto, en medio de la ciudad se pueden encontrar los restos del castillo de York, destacando la torre del homenaje conocida como Clifford’s Tower:

Clifford's Tower

Siguiendo nuestro camino tras subir a Clifford’s Tower, nuestra pateada terminó en los Jardines del Museo de York, donde nos sentamos a descansar, comernos un bocata (nuestra economía no daba para restaurantes por aquel entonces) y recrearnos la vista con las numerosas ruinas medievales que abundan en los Jardines, como las de la Iglesia de St. Mary’s Abbey, del Hospitium o del Hospital de St. Leonard:

museum gardens york

No son estos los únicos lugares de interés en York, ni mucho menos. Pero tened en cuenta que nuestras rutas eran de un día, y el transporte en Reino Unido nunca ha sido gran cosa, así que teníamos que estar bien pendientes de llegar a tiempo a Sheffield para poder salir de juerga nocturna. Digamos simplemente que York es una auténtica belleza, y Óskar empezaba ya a sucumbir a los encantos de una Albión que ya no le parecía tan pérfida.

Regresamos a Sheffield justo a tiempo para cenar cualquier mierda precocinada que Carlos tuviera en su casa en aquella época y salir a una nueva fiesta (en efecto, estábamos a martes). En esta ocasión, schoolgirls and schoolboys, donde si ibas vestido de colegial/a, te hacían descuento en la entrada. A Carlos le bastó con ponerse un blazer con botones dorados y una corbata para parecer un miembro de la Casa Slytherin. Sin embargo, Óskar y yo no tuvimos tanta suerte, pues nuestro ajuar se limitaba a prendas “de batalla” (literalmente: yo llevaba mi mochila y camiseta de la mili).

Schoolboy - schoolgirl

Creedme cuando os digo que la mayoría de asistentes vestían de una de estas dos formas…

En cualquier caso, allá fuimos, con la moral alta tras los éxitos cosechados (por algunos más que por otros) la noche anterior. Sin embargo, nuestro gozo acabó en el proverbial pozo del desencanto en un antro abarrotado, en el que apenas había espacio y hacía un calor de mil demonios. Ni siquiera la asequible oferta bebestible de la noche (vodka con red bull a los consabidos 80p) consiguió meternos en el ambiente, y nos fuimos a casa decepcionados pero ya pensando en nuestra siguiente etapa: la ciudad de los baños romanos, bautizada con el poco inspirado nombre de Bath.

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